Las Olas
Las Olas »Éste, pues, es el mundo que Percival ya no ve. Veamos. El carnicero reparte carne en la puerta vecina, dos ancianos trastabillean por la acera, los gorriones se posan. De manera que la máquina funciona, advierto el ritmo, el latido, pero es como una cosa de la que no formo parte, puesto que él ya no puede verla. (Yace pálido y tendido en alguna habitación.) Ahora, pues, me ha llegado la oportunidad de averiguar algo de gran importancia, y debo llevar cuidado y no mentir. Mis sentimientos hacia él: se quedaba en el centro. Ya no voy a ese sitio. Se ha quedado vacío el lugar.