Las Olas
Las Olas —¿Durante cuántos meses —dijo Susan—, cuántos años, he subido estas escaleras, en el tenebroso invierno y en la helada primavera? En pleno verano estamos ahora. Subimos para cambiarnos y ponernos los trajes blancos de jugar al tenis: Jinny, yo y, un poco despuĂ©s, Rhoda. Cuento los peldaños al subir, cada peldaño es como si ya hubiera hecho alguna cosa. Y asĂ, todas las noches, arranco del calendario el dĂa que ha pasado, y lo arrugo hasta que sea una pelota. Lo hago con rencor, mientras están de rodillas Betty y Clara. Yo no rezo. Me vengo del dĂa. Proyecto mi venganza sobre su imagen. Ya estás muerto, digo, dĂa de escuela, dĂa odiado. Han convertido todos los dĂas de junio —hoy es veinticinco— en algo brillante y ordenado, con gongs, lecciones, Ăłrdenes de lavarse, de cambiarse, de trabajar, de comer. Escuchamos a los misioneros de China. Vamos en la furgoneta por la calzada de asfalto para asistir a las salas de conciertos. Nos enseñan galerĂas de arte y cuadros.