Las Olas
Las Olas »Ahora, deprisa. Que sea yo ahora la primera en despojarse de estos groseros vestidos. Aquí están las blancas medias; aquí, los zapatos nuevos. Recojo el pelo con un lazo blanco, de forma que, cuando cruce saltando el patio, el lazo flote y envíe destellos, pero ceñido al cuello, en el lugar correcto. Ni un pelo fuera de lugar.»
—Ésa es mi cara —dijo Rhoda—, la del espejo tras el hombro de Susan; ésa es mi cara. Pero me agacharé tras ella para esconderla, porque no estoy aquí. No tengo cara. Las caras las tienen otras personas; Susan y Jinny tienen caras, aquí están. Su mundo es el mundo de verdad. Las cosas que cogen pesan. Dicen: «Sí», dicen: «No»; pero yo me muevo, cambio y desaparezco en un segundo. Si se tropiezan con una doncella, las mira sin reír. Pero de mí sí se ríe. Saben lo que tienen que decir cuando les dirigen la palabra. Se ríen de verdad, se enfadan de verdad; pero yo tengo que mirar primero, y hacer lo que hacen los demás cuando ya lo han hecho.