Las Olas
Las Olas —Es el primer dÃa de las vacaciones de verano —dijo Susan—. Pero todavÃa está guardado el dÃa. No lo examinaré hasta que descienda al andén esta tarde. Ni tan siquiera lo oleré hasta que no huela el frÃo aire verde de los campos. Pero ya no son éstos los campos del colegio; ni son éstos los setos del colegio; los hombres de estos campos hacen cosas de verdad, llenan los carros con heno de verdad; y aquéllas son vacas de verdad, no vacas de colegio. Pero el olor a desinfectante de los pasillos, y el olor a tiza de las aulas los llevo todavÃa en la nariz. TodavÃa tengo ante los ojos el zócalo con revestimiento machihembrado, lustroso y vidriado. TodavÃa me esperan campos y setos, bosques y campos; y pronunciados taludes del ferrocarril, moteados de arbustos de aulagas; y vagones en vÃas muertas; y túneles y jardines suburbanos con mujeres que tienden la colada; y luego campos otra vez y niños columpiándose sobre las verjas, antes de que pueda cubrir del todo esta escuela que tanto he odiado, antes de que pueda enterrarla profundamente.