Las Olas
Las Olas »No enviaré a mis hijos al colegio ni pasaré una sola noche de mi vida en Londres. Aquà en esta estación inmensa todo tiene eco y resuena a hueco. Esta luz es como una luz amarilla bajo una lona. Aquà vive Jinny. Por estas aceras saca Jinny al perro a pasear. Los de aquà corren por las calles en silencio. Lo único que miran es los escaparates. Suben y bajan las cabezas aproximadamente a igual altura. Las calles se unen entre sà mediante el cable del telégrafo. Ahora, las casas son todas ellas de vidrio, festones y brillos; ahora, son todas puertas principales, cortinas de encaje, columnas y peldaños blancos. Pero cruzo, salgo de Londres; comienzan de nuevo los campos y casas y mujeres tendiendo la colada y árboles y campos. Se vela Londres, desaparece, se arruga, cae. Comienzan a perder intensidad el desinfectante y el olor a pino. Huele a cereal y a nabos. Desato el paquete atado con una pieza de algodón blanco. Se deslizan las blancas cáscaras de los huevos hasta el hueco entre las piernas. Ahora nos paramos en todas las estaciones, salen rodando cántaras de leche. Se besan unas a otras las mujeres, y se ayudan con las cestas. Ahora me permitiré asomarme a la ventana. Entra aprisa el aire por mi nariz y garganta: el frÃo aire, el aire salado con olor a campos de nabos. Y ahà está mi padre, de espaldas, hablando con un campesino. Tiemblo, lloro. Ahà está mi padre con las polainas. Ahà está mi padre.»