Las Olas
Las Olas —Éste es el primer dÃa de las vacaciones de verano —dijo Rhoda—. Y ahora, mientras el tren pasa junto a estas rocas rojas, este mar azul, el trimestre, terminado, toma una forma única detrás de mÃ. Veo su color. Junio era blanco. Veo los campos blancos de margaritas, y blancos por los vestidos, y campos de tenis con lÃneas blancas. Entonces habÃa viento y un trueno violento. HabÃa una estrella que remontaba las nubes una noche, y yo le dije a la estrella: «Consúmeme.» Eso fue en medio del verano, después de la fiesta en el jardÃn, y de mi humillación en la fiesta del jardÃn. El viento y la tormenta colorearon julio. También, en medio, cadavérico, horrible, estaba el charco gris en medio del patio, cuando, con un sobre en la mano, llevaba un mensaje. Llegué al charco[89]. No pude cruzarlo. Me abandonó la identidad. No somos nada, dije, y me derrumbé. Volé arrastrada como una pluma, me absorbÃan los túneles. Entonces, con muchÃsimo cuidado, avancé un pie. Apoyé la mano sobre una pared de ladrillos. Regresé con gran dolor, retirándome a mi propio cuerpo sobre el espacio cadavérico, gris, del charco. Ésta es la vida, pues, con la que estoy comprometida.