Las Olas
Las Olas »Asà que separo el último trimestre. Con choques intermitentes, repentinos como los saltos de un tigre, brota la vida elevando su oscura cresta desde el mar. A esto estamos vinculados; a esto estamos unidos, igual que los cuerpos a los caballos salvajes. Y sin embargo hemos inventado ingenios para llenar las grietas y disimular esas fisuras. Aquà llega el revisor. Aquà hay dos hombres, tres mujeres, un gato en una cesta, yo misma, acodada en el marco de la ventanilla: esto es aquà y ahora. Nos acercamos, nos alejamos, atravesamos campos susurrantes de doradas mieses. En los campos, las mujeres parecen sorprendidas de quedarse atrás, escardando. Ahora el tren resuena pesadamente, jadea con estertores al subir cada vez más arriba. Por fin hemos llegado a la cumbre del páramo. Sólo viven por aquà unas pocas ovejas cimarronas, unos pocos peludos caballos enanos; y, sin embargo, a nosotros se nos proporcionan todas las comodidades: mesas para los periódicos, aros para sujetar los vasos. Aparecemos llevando todos estos aparatos en la cima del páramo. Ya estamos en la cumbre. Se cerrará tras nosotros el silencio. Si miro hacia atrás por encima de aquella cabeza calva, veo el silencio cerrándose ya, y las sombras de las nubes persiguiéndose unas a otras por el páramo vacÃo; se cierra el silencio tras nuestro breve paso. Esto, me digo, es el momento presente, es el primer dÃa de vacaciones. Esto es parte del monstruo naciente al que estamos vinculados.»