Orlando
Orlando Es una verdadera desdicha que tengamos tan poca información sobre esta etapa de la carrera de Orlando, en la que desempeñó un papel importante en la vida pública de su país. Sabemos que se desenvolvió a maravilla, como lo atestiguan su orden del Baño y su Ducado. Sabemos que tuvo voz en alguna de las más delicadas negociaciones entre el Rey Carlos y los turcos —de eso dan fe los tratados en los sótanos del Archivo. Pero la revolución que estalló durante su misión, y el incendio que la siguió, destruyeron o mutilaron todos los documentos que podrían ser fuentes de información, de modo que la que podemos suministrar será lamentablemente incompleta.
A veces en mitad de la frase más importante el papel está chamuscado hasta lo ilegible. En el momento preciso en que estábamos por dilucidar un misterio que ha desesperado cien años a los historiadores, había un agujero en el manuscrito donde cabía el dedo pulgar. Hemos hecho lo posible por compaginar un magno resumen con los fragmentos chamuscados que se salvaron; pero a menudo hemos debido conjeturar, suponer y hasta invocar la imaginación.