Orlando
Orlando —Verdad, no salgas de tu obscena caverna. Húndete más abajo, horrible Verdad. Tú exhibes a la luz brutal del sol cosas que más valiera ignorar; actos que más valiera no hacer. Descubres lo vergonzoso; aclaras lo oscuro. Ocúltate, ocúltate, ocúltate. —(Aquà hacen el ademán de cubrir a Orlando con sus velos). Las trompetas, mientras, retumban—: «La Verdad y sólo la Verdad. —Las Hermanas intentan ahogar con velos las voces de las trompetas, pero en vano, pues ahora todas las trompetas retumban en coro—: Hermanas horribles, partid».
Las Hermanas se desconsuelan y lloran al unÃsono, siempre bailando en rueda y agitando sus velos de arriba abajo.
—No siempre ha sido asÃ. Pero los hombres ya no nos necesitan; las mujeres nos aborrecen. Nos vamos, nos vamos. Yo (dice la Pureza) a los palos del gallinero. Yo (dice la Modestia) a cualquier discreto rincón donde abunden la hiedra y las cortinas.