Orlando
Orlando A la mañana siguiente, retomando el hilo de esos pensamientos, preparó el papel y la pluma, y se puso a trabajar en «La Encina», porque tener en abundancia tinta y papel cuando uno se ha tenido que arreglar con moras y con márgenes, es un deleite inconcebible. En eso estaba, a ratos anulando una frase con desesperación profunda, a ratos insertando una frase con alto éxtasis, cuando oscureció la hoja una sombra.
Escondió el manuscrito rápidamente.