Orlando
Orlando Mientras hablaba, enormes lágrimas brotaban de sus ojos saltones y corrían por los surcos terrosos de sus mejillas fláccidas.
Orlando ya sabía por su propia experiencia de hombre que éstos lloran tan a menudo y tan sin razón como las mujeres; pero también sabía que las mujeres deben escandalizarse cuando los hombres se emocionan delante de ellas, y se escandalizó.
El Archiduque se disculpó. Se dominó lo bastante para decir que la dejaría por ahora, pero que al día siguiente volvería por su respuesta.