Orlando
Orlando Or stain her Honour, or her new Brocade,
Forget her Pray’rs or miss a Masquerade,
Or lose her Heart, or Necklace, at a Ball[3].
sabemos como si estuviéramos escuchándolo, que la lengua de Mr. Pope temblaba como la de una vÃbora, que sus ojos chispeaban, que su mano se estremecÃa, cómo amaba, cómo mentÃa, cómo sufrÃa. En una palabra, todos los secretos de un escritor, todas las experiencias de su vida, todos los rasgos de su espÃritu, están patentes en su obra, y sin embargo exigimos comentarios crÃticos y relatos biográficos. La única explicación de ese crecimiento monstruoso es la necesidad de matar el tiempo.
Ahora, después de recorrer una página o dos de El rapto del rizo, sabemos exactamente por qué Orlando, esa tarde, estaba tan divertida, y tan asustada, y por qué le brillaban los ojos y las mejillas.
En eso, Mrs. Nelly llamó para decir que Mr. Addison deseaba ver a su SeñorÃa. Entonces Mr. Pope se levantó con una agria sonrisa, se despidió y salió cojeando. Entró Mr. Addison. Leamos, mientras toma asiento, este pasaje del Espectador: