Orlando
Orlando «Pienso que la mujer es un bello animal romántico, que puede ser adornado con pieles y plumas, perlas y diamantes, sedas y metales. El lince arrojará su piel a sus plantas para que se haga una palatina; el pavo real, el guacamayo y el cisne colaborarán en su manguito; el mar se despojará de sus caracoles y los peñascos de sus piedras preciosas, y la naturaleza entera contribuirá al embellecimiento de un ser que es su obra más perfecta. Todo esto les concedo, pero en cuanto a la falda de que hablé, es inútil que insistan».
Tenemos a ese caballero, con tricornio y todo, en el hueco de la mano. Mirémoslo otra vez con la lupa. ¿No se ve hasta la arruga de su media? ¿No está a la vista cada pliegue y cada curva de su ingenio, y su bondad y su timidez y su cortesÃa y el hecho de que acabará por casarse con una condesa y morirá muy decentemente? Todo está claro. Y cuando Mr. Addison ha dicho lo que debe decir, hay un tremendo golpe a la puerta, y Mr. Swift, que tiene ese modo tan brusco, entra sin que lo anuncien. Un momento. ¿Dónde están Los viajes de Gulliver? Aquà están. Leamos un párrafo del viaje entre los Houyhnhnms: