Orlando
Orlando Los sonrojos iba y venÃan con el vaivén más exquisito de pudor y de vergüenza. Era como si el Genio de la Época soplara ora frÃo ora caliente, en sus mejillas. Y si el soplo del genio de la Época era algo irregular, pues se ruborizaba del miriñaque, antes que del marido, su ambigua situación la disculpa (hasta su sexo estaba en tela de juicio), como también la disculpa su desordenada vida anterior.