Orlando
Orlando Desde que el mundo es mundo no hubo una escena igual de demostración y protesta. Cuando concluyó y estuvieron sentados de nuevo, ella le preguntó: ¿qué significa esa charla sobre un vendaval del Sudoeste? ¿Para dónde zarpaba?
—Para el Cabo de Hornos —replicó brevemente. Sólo a fuerza de mucho insistir y de mucha intuición alcanzó Orlando a saber que la vida del Shel estaba dedicada a la más desesperada y espléndida de las aventuras —doblar el Cabo de Hornos en pleno huracán. El barco solía quedar sin un mástil, las velas hechas jirones (tuvo que arrancarle esa confesión). A veces el buque se había hundido, y él había quedado como único sobreviviente en una balsa, con una galleta.