Orlando
Orlando Era joven, era rico, era hermoso. Nadie fue recibido con más aplauso.
Es indudable que muchas damas estaban listas a concederle su favor. A lo menos tres nombres fueron apareados al suyo —Clorinda, Favila, Euphrosyna: asà las llamó en sus sonetos.
Procediendo con orden: Clorinda era una dama de suave modo; Orlando estuvo muy entusiasmado con ella durante seis meses y medio, pero tenÃa pestañas blancas y no podÃa soportar la vista de la sangre. Una liebre asada que sirvieron en la mesa de su padre la hizo desvanecer. Los curas la gobernaban y economizaban su ropa interior para socorrer a los pobres. Quiso alejar a Orlando de sus pecados, lo que lo disgustó de tal modo que éste retrocedió ante el casamiento, y no se lamentó demasiado cuando ella murió de viruela poco después.