Orlando
Orlando Asà pasaron ocho o nueve dÃas pero en el décimo, que era el 26 de octubre, Orlando estaba acostada en el pastizal, mientras Shelmerdine declamaba a Shelley (cuyas obras completas sabÃa de memoria), cuando una hoja que habÃa empezado a caer despacio de la copa de un árbol se apresuró al cruzar el pecho de Orlando. Una segunda hoja la siguió y luego una tercera. Orlando se estremeció y se puso pálida. Era el viento. Shelmerdine —pero ahora es más propio llamarlo Bonthrop— se irguió de un salto.
—¡El viento! —gritó.