Orlando
Orlando Ahora, sin embargo, que estaba solo en la medianoche, sacó de ese depósito un grueso documento que se llamaba «Xenóphila, una Tragedia» o algo por el estilo, y uno más delgado, llamado simplemente «La Encina» —el único título breve del montón. Luego acercó el tintero, agitó en el aire la pluma, y ejecutó los otros ritos preliminares de los aficionados a ese vicio. Pero se detuvo.