Orlando

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¿Por qué, entonces, había querido superar a sus antepasados? Parecía infinitamente inútil e impertinente tratar de mejorar esa creación anónima; los trabajos de esas manos desvanecidas. Mejor era partir desconocido y dejar un arco, una bodega, un cerco donde maduren los duraznos, que arder como un meteoro y no dejar rastro. Porque después de todo, dijo, animándose al ver la casa grande en el valle, a sus pies, los desconocidos señores y damas que la habitaron nunca se olvidaron de guardar algo para los que vendrían después; para el techo que puede gotear; para el árbol que puede venirse abajo. Había siempre, en la cocina, un rincón abrigado para el viejo pastor; siempre, comida para el hambriento; siempre estaban lustrados sus jarros, aunque ellos estuvieran enfermos; siempre había luz en sus ventanas, aunque se estuvieran muriendo. Por nobles que fueran, se resignaban a bajar a la sombra con el cazador de topos y el albañil. Oscuros nobles, olvidados constructores —así los apostrofó con un fervor que enteramente refutaba las acusaciones de frialdad, de pereza y de indiferencia de algunos críticos (lo cierto es que una cualidad suele estar donde menos lo sospechamos)—, así apostrofó su casa y su sangre con una elocuencia conmovedora; pero al llegar a la peroración —¿qué es la elocuencia sin la peroración?— se cortó. Hubiera querido concluir con un floreo, declarando que se proponía seguir sus huellas y agregar una piedra a su edificio. Sin embargo, puesto que el edificio ya abarcaba nueve manzanas, la adición de una piedra parecía inútil. ¿Cómo hablar de muebles en una peroración? ¿Cómo hablar de sillas y mesas, y esteras para el costado de la cama? La peroración requeriría otras cosas, pero eso era lo que necesitaba la casa. Dejando su oración provisionalmente inconclusa, descendió la colina con el propósito de consagrarse inmediatamente a amueblarla. La orden —de que se presentara en el acto— hizo acudir las lágrimas a los ojos de la buena Mrs. Grimsditch, ya un tanto envejecida. Juntos recorrieron la casa.


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