Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Santo Buda! —exclamó la abuela—. Dejen que sólo beba la más pequeña y aparten la grande: me la beberé en mi casa poco a poco.
Esas palabras provocaron una nueva oleada de risas. Yuanyang llenó hasta el borde la copa grande y la abuela Liu no tuvo más remedio que acercársela a los labios ayudándose con ambas manos.
—Con calma —le advirtieron la Anciana Dama y la tÃa Xue—. No vaya a atragantarse.
La tÃa Xue pidió a Xifeng que diera a la anciana algo de comer con el vino.
—¿Qué le apetece comer, abuelita? —preguntó Xifeng.
—No sé qué hay en cada plato. Todos parecen exquisitos.
—Dadle berenjena frita —propuso la Anciana Dama con una sonrisa.
Xifeng, obedeciendo, cogió un poco de berenjena con los palillos y la llevó directamente a la boca de la abuela.
—Seguro que usted come berenjena todos los dÃas —le dijo—. ¿Le gusta cómo la hacemos aquÃ?
—No intente engañarme —replicó la vieja—. Si la berenjena tuviera este sabor, hace ya tiempo que los campesinos no cultivarÃamos otra cosa.
—Es berenjena —le aseguraron entre risas—. No estamos mintiéndole.