Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿De verdad que es berenjena? —preguntó la anciana, perpleja—. Deme un poco más, señora, que la mastique con más cuidado. El otro trozo me lo he comido sin estar convencida del todo.
Xifeng le pasó otro bocado. Después de paladearlo lentamente, la abuela Liu dijo:
—Tiene un ligero sabor a berenjena, pero no se parece al que yo conozco. ¿Cómo la han cocinado? DÃganmelo para que yo pueda hacerlo igual cuando regrese a la aldea.
—Es muy sencillo —respondió Xifeng divertidÃsima—. Se cogen unas berenjenas tiernas, se pelan, se cortan en trocitos y se rehogan en grasa de pollo. Luego se cogen unas pechugas de pollo, setas aromáticas, brotes de bambú, hongos, queso de soja seco y condimentado, y diversos tipos de frutos secos. Se pica todo y se cuece junto con las berenjenas en un caldo de pollo, se añade aceite de sésamo y algunos encurtidos; después se guarda en un recipiente de porcelana. Cuando se quiera comer, se saca y se mezcla con pollo frito cortado en pedazos.
Pasmada, la abuela Liu sacudió la cabeza y sacó la lengua.
—¡Divino Buda! No me extraña que sepa tan bien: ¡se necesita una docena de pollos para hacer la receta!
Mientras hablaba terminó de beberse el vino y después se puso a contemplar cuidadosamente la copa.
—TodavÃa no ha bebido bastante —dijo Xifeng—. Beba otra copa.