Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Y después de animar a la tía Xue para que hiciera lo mismo, dijo a Xiangyun y Baochai:
—También vosotras debéis beber un poco. Y a pesar de que vuestra prima Daiyu no pueda beber mucho, tampoco se librará.
Dicho lo cual apuró su propia copa para que Xiangyun, Baochai y Daiyu se vieran obligadas a imitarla.
A la abuela Liu, zarandeada ya por el vino, sólo le faltaba la música para empezar a agitar torpemente los brazos siguiendo, complacida, el ritmo con los pies. Baoyu se acercó a Daiyu y le susurró al oído:
—¡Mira a la abuela Liu!
—Cuando el rey sabio de la antigüedad tocaba la música sagrada, cien bestias bailaban[1], pero nosotros sólo hacemos bailar a una vaca.
Los demás celebraron el comentario mordaz de la muchacha con risitas ahogadas.
Cesó después la música y la tía Xue, levantándose de su asiento, sugirió:
—Ya hemos bebido mucho. ¿Por qué no damos un paseo antes de volver a sentarnos?
Como la Anciana Dama estuvo de acuerdo con la sugerencia, todos se levantaron y salieron tras ella. Deseosa de continuar con la diversión, la Anciana Dama llevó a la abuela Liu al pie de una colina, donde la tuvo caminando de un lado a otro enseñándole el nombre de cada árbol, flor y roca de aquel lugar.