Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Temblando de rabia, Xifeng se incorporó y echó a andar apretando el paso en dirección a sus aposentos. En la puerta había apostada otra doncella que, al ver a Xifeng, salió corriendo. Xifeng la llamó por su nombre para que se detuviera. Ésta tuvo más sentido común que la otra: al ver que no tenía otra salida prefirió correr hacia su señora.
—Precisamente quería informarla, señora —le dijo con una sonrisa—. Por suerte ha venido.
—¿Qué querías decirme?
—Que el señor ha regresado…
Y le contó la misma historia que había llegado a su conocimiento a través de la otra doncella.
Xifeng escupió con desagrado.
—¿Y por qué has tardado tanto en contármelo? —exclamó—. Como te he sorprendido, ahora te finges inocente.
Y propinó a la doncella un golpe que la hizo tambalearse. Luego, de puntillas, entró en el patio, se acercó a la ventana y se puso a escuchar.
Oyó una voz de mujer que decía alegremente:
—¡Cómo no se ha muerto ya esa endiablada esposa suya!
Y la voz de Jia Lian respondiendo: