Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Iré a ver qué puede hacerse —dijo él a Xifeng.
—No vamos a pagarles nada —le replicó ella en tono de advertencia.
Jia Lian partió a discutir el asunto con Lin Zhixiao, después envió gente a negociar y finalmente echó tierra sobre el asunto desembolsando doscientos taeles. Sin embargo, para impedirles toda posibilidad de cambiar de opinión, envió unos mensajeros a pedirle a Wang Ziteng que unos cuantos guardias y oficiales acompañaran al cortejo fúnebre. Al enterarse de esto, la familia de la difunta no se atrevió a seguir adelante y tuvo que tragarse su resentimiento.
Jia Lian también dijo a Lin Zhixiao que dedujera los doscientos taeles de sus fondos de gastos domésticos, camuflados como diversos tipos de gastos diarios, Además, dio un poco de dinero a Bao Er y prometió buscarle una buena esposa más adelante. Naturalmente, Bao Er no objetó nada; aceptando dinero y consideración siguió al servicio de Jia Lian como si no hubiera pasado nada.
En cuanto a Xifeng, a pesar de sentirse incómoda, mantuvo una apariencia de despreocupación. Cuando por fin estuvieron solas, tomó la mano de Pinger y le dijo suavemente:
—Ayer estaba borracha. No debes guardarme rencor. ¿Dónde te hice daño? Déjame ver.
—No es nada —respondió Pinger—. No me golpeó muy fuerte.