Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Al oÃr aquello, Baoyu extrajo del bolsillo un reloj de oro del tamaño de una nuez cuyas manecillas le indicaron que eran más de las nueve. Guardando el reloj, asintió:
—SÃ, ya es hora de retirarse. Otra vez te he importunado demasiado.
Se puso la capa y el sombrero, y partió. Al llegar a la puerta se volvió para preguntar:
—¿Qué te gustarÃa comer? Se lo diré a la Anciana Dama a primera hora de la mañana. Soy mejor mensajero que esas viejas.
—Voy a pensarlo esta noche y te lo diré mañana temprano. Escucha cómo llueve a mares ahà fuera. Mejor será que te vayas de una vez. ¿Ha venido alguien contigo?
Dos criadas respondieron:
—SÃ, están esperándolo con un paraguas y un farol.
—¿Un farol encendido? ¿Con este tiempo? —preguntó sorprendida.
—Asà es —dijo Baoyu—. Es un farol de cuerno, y el agua no puede empaparlo.
Ella cogió de una de las estanterÃas un farol de vidrio labrado y mandó que encendieran la velita; luego, entregándoselo, dijo:
—Éste brilla más; es perfecto para usar bajo la lluvia.
—Yo también tengo uno asà —respondió él—. No lo traje por temor a que se cayera y se rompiera.