Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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Inmediatamente Baochai envió a Yinger a buscar una píldora, que entregó a Pinger.

—Dadas las circunstancias, no iré de visita ahora —dijo—. Por favor, envía mis saludos a tu señora.

Pinger asintió y partió.

Volvamos a Xiangling, que había hecho sus visitas protocolarias. Después de la cena, cuando Baochai hubo salido a ver a la Anciana Dama, se dirigió al refugio de Bambú. Y a Daiyu, ya mejor de salud, le encantó saber que se había mudado al jardín.

—Aquí tendré más tiempo libre —comentó Xiangling—. Pero ¡qué afortunada me consideraría si usted me enseñara a componer poemas!

—Si quieres aprender a escribir poesía debes reconocerme como tu preceptora —respondió Daiyu en tono burlón—. Yo no soy poeta, pero me atrevo a pensar que algo puedo enseñarte.

—Para mí sería un gran honor que aceptara ser mi maestra. Pero debe tener paciencia conmigo.

—En realidad es muy sencillo. Casi no hay nada que aprender —dijo Daiyu—. En el caso del lushi[3] no se trata más que de iniciar, desarrollar, cambiar y concluir[4]; y los pareados de desarrollo y de cambio del centro de la composición deben ser antitéticos. Un tono uniforme debe contrastar con uno oblicuo[5], una palabra plena con una vacía[6]. Pero si tienes un verso realmente bueno, las reglas pueden ser pasadas por alto.


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