Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Crepuscular junto al largo río, cae una esfera de fuego.
»Claro está que el sol es esférico, pero ¿cómo va a ser enhiesto el humo? La primera descripción parece ilógica; la segunda, manida. Pero cuando uno cierra el libro y se pone a pensar, entonces la escena se materializa ante los ojos y finalmente comprende que sería muy difícil expresarla con mejores palabras. O por ejemplo:
El sol se pone. Blancos relumbran lagos y ríos.
La marea sube. El horizonte se vuelve azul.
»Los adjetivos “blanco” y “azul” también parecen ilógicos, pero pensándolo bien no existen palabras más adecuadas, ya que leídas en voz alta tienen el sabor de una aceituna que pesara varios miles de jin. O, por ejemplo, estos otros versos:
Se demora sobre el arroyo el sol poniente.
Solitaria, una enhiesta humareda se alza desde la aldea.
»Lo que admiro aquí es la elección de “se demora” y “se alza”. Una vez, camino de la capital, nuestro bote encalló en plena noche en un banco de arena. No había nadie alrededor, sólo unos cuantos árboles y el humo de unas cabañas lejanas donde cocinaban la cena, elevándose con un color azul muy intenso, derecho hacia las nubes. Es extraño, pero al leer estos versos recordé la escena.