Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Mientras Xiangling hablaba llegaron Baoyu y Tanchun, y se sentaron a escuchar aquella disquisición.
—En realidad ya no necesitas leer más poemas —comentó Baoyu con una sonrisa—. La verdadera comprensión no tiene por qué ser buscada en lugares remotos. A juzgar por lo poco que te he oÃdo decir, ya has captado la esencia de la poesÃa.
Daiyu intervino:
—Has elogiado la expresión «Solitaria, una enhiesta humareda se alza» sin saber que ha sido tomada de un poeta anterior. Examina estos versos, que son todavÃa más evocadores y naturales.
Y le mostró los siguientes versos de Tao Yuanming:
Con la bruma de la lejana aldea
se confunde el humo del caserÃo.
Xiangling los leyó y movió la cabeza en señal de aprecio.
—Asà que «se alza» aparece aquà como «se confunde» —comentó.
—Exacto —exclamó Baoyu entre risas—. Huelgan mayores explicaciones que podrÃan llegar a confundirte. Simplemente empieza a escribir ahora tus propios poemas. Tienes grandes posibilidades de escribir algo bueno.
—Mañana prepararé una tarjeta de invitación y te pediré formalmente que te unas a nuestra academia de poesÃa —dijo Tanchun.