Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Xiangling, por su parte, pidió de nuevo a Daiyu que le prestara los poemas de Du Fu, y le suplicó a ella y a Tanchun que le impusieran un tema.
—Déjenme hacer una prueba y después corrÃjanla ustedes —dijo.
—Anoche salió una espléndida luna —replicó Daiyu—. Quise escribir un poema sobre el asunto, pero no llegué a hacerlo. Tómalo como tema y elige como rima cualquier juego de caracteres del decimocuarto grupo con rima en Han[12].
Xiangling regresó sumamente complacida con el encargo. Después de devanarse los sesos escribió unos cuantos versos y leyó otros dos de los Versos regulados de Du Fu, libro que no consiguió cerrar. Tan enfrascada estaba en la lectura que se olvidó de comer y dormir.
—¿Por qué te torturas de esa manera? —preguntó Baochai—. Todo esto es culpa de Daiyu. Debo ajustarle las cuentas. Siempre fuiste un poco débil de cabeza, y esta manÃa ha terminado de enloquecerte.
—No me distraiga, por favor —suplicó Xiangling.
Dicho lo cual concluyó el poema y se lo mostró.
Baochai lo leyó y comentó con una sonrisa:
—No es asà como se hace. Pero no seas tÃmida. Enséñaselo y ya veremos qué opina.
Xiangling le llevó el poema a Daiyu, que leyó lo siguiente: