Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En medio del cielo cuelga la luna; la noche está fría.
Límpida y blanca es su luz, redondo su reflejo.
Los poetas la contemplan y en ella se inspiran,
mas no soportan su visión los viajeros de corazón dolorido.
La luna, espejo de jade colgando junto al pabellón esmeralda,
parece un plato de hielo sobre la cortina.
No es preciso esta noche encender las velas de plata.
Ella, con su brillante esplendor, ilumina las barandas labradas.
—Ideas no te faltan, pero el lenguaje que utilizas adolece de falta de elegancia —comentó Daiyu con una sonrisa—. Te limita el haber leído tan pocos poemas. Desecha éste y escribe otro.
Xiangling se alejó en silencio. No volvió a su cuarto, sino que fue a pasear junto al estanque y bajo los árboles, a sentarse sobre las rocas sumida en sus pensamientos o agacharse haciendo garabatos en el suelo, para perplejidad de quienes pasaban por allí.
Cuando Li Wan, Tanchun, Baochai y Baoyu se enteraron, subieron a una ladera un poco alejada y se echaron a reír mirando cómo fruncía el ceño o se reía sola.