Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Está haciendo un esfuerzo considerable, pero los resultados aún son pobres —sentenció Daiyu—. El poema que ha compuesto está demasiado elaborado. Tendrá que intentarlo otra vez.
Pidieron leer el poema, que decÃa:
No es agua ni plata la luz helada de la ventana,
y cuelga del lÃmpido cielo un plato de jade.
Pálida flor del ciruelo embebida en su fragancia,
esbeltos los tallos del sauce, evaporado ya su rocÃo.
Parece que un polvo blanco recubre la escalinata,
o las balaustradas de mármol están tocadas de escarcha.
Ya no se oyen, al despertar, voces en el pabellón del Oeste,
pero a través de la ventana se adivinan unas huellas.
Baochai comentó agradablemente:
—No parece un poema sobre la luna, pero no estarÃa mal si el tema fuera el color de la luna, pues casi cada verso parece tratar del color. No importa; todos los poemas empiezan con palabras sin sentido. En unos cuantos dÃas habrás mejorado.