Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Si provocas una escena no conseguiremos más que desperdiciar toda la consideración que nos ha mostrado Pinger. Hagamos ahora lo que ella sugiere y más tarde encontraremos una excusa para despedir a Zhuier.
—A usted no le cuesta hablar —gritó Qingwen—, pero a mà la furia me impide soportarlo.
—De nada sirve perder los estribos. Concéntrate en recuperar la salud.
Entonces Qingwen, tranquilizándose un poco, tomó unas medicinas. Por la noche bebió una segunda infusión y sudó un poco, aunque no lo suficiente, de manera que amaneció con fiebre y dolor de cabeza; tenÃa la nariz atorada y la garganta irritada. El doctor Wang procedió a un nuevo examen de las pulsaciones y alteró su receta, quitando unos ingredientes y añadiendo otros; pero aunque la fiebre remitió un poco, no lo hizo el dolor de cabeza.
—Traedle un poco de rapé —le dijo Baoyu a Sheyue—. Unos cuantos estornudos harán que se le despeje la nariz.
Sheyue trajo una cajita de vidrio con estrellas de oro y dobles cierres dorados, y la entregó a su señor. Baoyu la abrió. En la cara interior de la tapa, hecha con esmalte occidental, se podÃa ver la imagen de una muchacha desnuda, alada, de cabellos rubios. La cajita contenÃa genuino rapé extranjero de la marca Wanqia; pero en lugar de tomarlo, Qingwen se entretuvo admirando la imagen.