Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Mi madre la ha visto y opina que es una lástima que me la ponga —le dijo—. Me pidió que tuviera especial cuidado para no estropearla.
—Es la única que me queda —respondió la abuela—. Si la estropeas no tendrás otra. Es imposible reemplazarla.
Y le pidió que no bebiera demasiado y regresara temprano. Baoyu no tuvo inconveniente en prometerle ambas cosas.
Unas cuantas amas viejas lo siguieron hasta el salón principal, donde unos mayordomos —el hijo del ama Li, Li Gui; Wang Rong, Zhang Rojin, Zhao Yihua, Qian Qi y Zhou Rui— lo estaban esperando. Con ellos estaban sus cuatro pajes: Mingyan, Banhe, Chuyao y Saohong. Los dos primeros sostenÃan entre sus manos una muda de ropa y un cojÃn, y los otros dos sujetaban por las riendas un caballo blanco espléndidamente enjaezado, con una silla de montar repujada. Cuando los mayordomos hubieron recibido todas las instrucciones de boca de las amas, ayudaron a Baoyu, actuando como lacayos, a encaramarse lentamente sobre la montura. Entonces se dispusieron a partir: Li Gui y Wang Rong tirarÃan de las bridas, Qian Qi y Zhou Rui irÃan delante, mientras Zhang Rojin y Zhao Yihua se mantendrÃan un poco más alejados escoltando a Baoyu, uno a cada costado del caballo.
—Hermanos, salgamos por la puerta lateral —dijo Baoyu a Zhou Rui y Qian Qi—. Asà no tendré que desmontar al pasar por delante del estudio de mi padre.