Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No es necesario —replicó Zhou Rui volviendo la cabeza con una sonrisa—. Su SeñorÃa ha salido y su estudio está cerrado con llave.
—Pero incluso asà tendrÃa que desmontar —insistió él.
—Tiene razón, señor —se rieron Qian Qi y Li Gui—. Si usted no desmontara por pereza y en ese momento apareciera el señor Lai o el señor Lin no se privarÃan de darle algunos buenos consejos y castigarnos de paso a nosotros por no haber respetado las conveniencias.
De modo que Zhou Rui y Qian Qi condujeron el caballo hacia la puerta lateral donde, como era de esperar, se toparon con Lai Da. Inmediatamente Baoyu hizo ademán de desmontar, pero el mayordomo principal corrió hacia él para impedÃrselo sujetándole la rodilla. Baoyu se quedó de pie sobre los estribos y, dándole la mano, lo saludó. Luego apareció un paje encabezando un grupo compuesto por un par de docenas de hombres con escobas y recogedores, quienes, al ver al joven señor, se alinearon respetuosamente contra la pared con los brazos pegados al cuerpo y la cabeza agachada, mientras el paje hincaba una rodilla en tierra presentando sus respetos. Como no conocÃa su nombre, Baoyu se limitó a sonreÃr e inclinar la cabeza. Aquellos hombres no se movieron hasta que él hubo pasado.