Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo «¿Por qué me habrán insultado de esta manera? —se preguntó Baoyu—. Nunca me habÃan tratado tan mal. ¿Será verdad que hay otro Baoyu?»
Ocupado en tales cavilaciones habÃa llegado hasta un patio.
—¡Pero si es otro patio Rojo y Alegre! —exclamó maravillado.
Subió las escaleras y entró. En el interior habÃa alguien reclinado en el diván y a su lado unas cuantas muchachas cosiendo o divirtiéndose. El joven del diván suspiró.
—Señor Baoyu, ¿por qué no duerme en lugar de suspirar? —preguntó una de las muchachas—. Supongo que le preocupa la enfermedad de su prima.
Fascinado por todo aquello, Baoyu escuchó al muchacho responder:
—No creà a la Anciana Dama cuando me dijo que en la capital habÃa otro Baoyu idéntico a mà en apariencia y carácter, pero hace un instante soñé que estaba en un gran jardÃn de la capital donde encontraba a unas muchachas idénticas a vosotras que me llamaban «pidientero apestoso» y se negaban a dirigirme la palabra. Las seguà y encontré unos aposentos donde habÃa otro Baoyu dormido, pero sólo vi su forma vacÃa; su verdadero ser habÃa partido, quién sabe adónde.
Al oÃr aquello, sin poder contenerse, Baoyu intervino:
—He venido buscando a Baoyu. ¡Asà que eres tú!