Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Sólo cuando se hubo interesado debidamente por la tÃa Xue y por su salud, Yinger transmitió el encargo que traÃa. Daiyu hizo que Zijuan le entregara un pequeño paquete con el polvo.
—Hoy estoy mejor —comentó—. Quiero salir a dar un paseo. Dile a mi hermana mayor que no es necesario que venga a presentar sus respetos a nuestra madre o que se moleste en venir a visitarme. En cuanto haya terminado de arreglarme el pelo iremos nosotras allÃ, y también haremos que nos lleven la comida para que podamos estar todas juntas.
Yinger asintió y se dirigió al cuarto de Zijuan, donde encontró a Ruiguan, que no querÃa partir, tan grande era el placer que sentÃa conversando con Ouguan.
—La señorita Daiyu vendrá a visitarnos —les dijo Yinger—. ¿Por qué no viene Ouguan con nosotras y espera allà a su señora?
—Es una buena idea —dijo Zijuan—. Aquà no hace más que estorbar.
Y envolviendo la cuchara y los palillos de Daiyu en una servilleta, se los entregó a Ouguan.
—Lleva los cubiertos de tu señorita. Es la primera vez que puedes decir que has hecho algo útil.