Sueño en el pabellón rojo

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Ouguan partió jubilosa con las dos visitantes. Al pasar por la isleta de las Hojas de Sauce, Yinger cogió unas cuantas ramas más y se sentó a trenzarlas sobre una roca mientras encargaba a Ruiguan que entregara el polvo de rosas y volviera después. Pero las otras dos muchachas estaban demasiado fascinadas viéndola trabajar. Ruiguan no se decidía a cumplir el encargo. Entonces, para obligarla, Yinger exclamó en tono de amenaza:

—Si no vas ahora mismo a llevar el polvo, dejaré de trenzar.

—Iré contigo —se ofreció Ouguan—. Así podremos volver rápidamente.

Y se decidieron a partir.

Por fin, Yinger se quedó sola y pudo continuar su tarea. Y en ello estaba cuando llegó Chunyan, la hija pequeña del ama He.

—¿Qué haces, hermana mayor? —preguntó.

Pero antes de que Yinger pudiera responder, volvieron Ouguan y Ruiguan. Al verlas, preguntó Chunyan:

—¿Qué papeles eran esos que estabas quemando el otro día cuando te vio mi tía? El señor Baoyu le riñó tanto por querer denunciarte que vino furiosa a contarle la historia a mi madre. ¿Qué rencores ha podido acumular contra ti mientras estabais todavía en vuestra escuela de actrices?


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