Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Rencores? —resopló Ouguan—. Lo único que ocurre es que esas viejas son insaciables; nunca tienen bastante, y no se cansan de rezongar contra nosotras. Sólo en dos o tres años, el tiempo que han durado nuestros estudios, ¿cuánto han podido acumular apropiándose parte de las asignaciones para comida? ¡Más que suficiente para alimentar a sus propias familias! Y eso sin contar todo lo que se quedan de aquello que compran para nosotras. En cambio, en cuanto se nos ocurre encargarles el más pequeño trabajo, ya están quejándose al cielo y a la tierra. ¿Asà se comporta la gente de buen corazón?
Chunyan sonrió.