Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Al advertir que sus pullas habían enfurecido realmente a la vieja, Yinger le agarró el brazo que sostenía el bastón diciéndole entre risas:

—Sólo estaba bromeando. Me hace sentir una infame cuando la veo golpeándola así por mi culpa.

—No se meta en nuestros asuntos, señorita —le ladró la otra—. ¿O es que no podemos castigar a nuestros hijos sólo porque usted está aquí?

Ese estúpido comentario encendió la furia de Yinger, que respondió a la mujer con una risa fría:

—Puede castigarla cuando quiera, pero ¿por qué hacerlo en mi presencia y a causa de una broma mía? —Y añadió con despecho—: Muy bien, siga.

Dicho lo cual, volvió a sentarse y se dispuso a continuar trenzando su cesta. Pero he aquí que apareció nada menos que la madre de Chunyan, que andaba buscando a su hija. Al verla, le gritó:

—¿Por qué no has traído todavía el agua? ¿Qué haces aquí?

—¡Ven y mira a esta pilla! —intervino su cuñada—. Ya no me obedece ni a mí. Se me ha puesto respondona.

La madre He se les acercó.

—¿Qué ha pasado, cuñada? ¿En qué anda ahora esta muchacha? —preguntó—. Pase que para ella su madre haya dejado de existir, pero es inadmisible que ya no tenga consideración ni por su tía.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker