Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Fuimos nosotras quienes hicimos eso, no su hija —exclamó en ese momento Yinger—. «No señale con el dedo la morera para reprender a la acacia.»
SucedÃa que la madre He se sentÃa perdidamente celosa de doncellas mayores como Xiren y Qingwen, cuyo prestigio y autoridad en los diversos aposentos superaban ampliamente los suyos. Les tenÃa miedo y en su presencia estaba obligada a tratarlas con respeto. Pero no podÃa estar ante una de ellas sin que la cólera y el odio se batieran, en su corazón, contra el temor y el respeto, de manera que volcaba su rabia y resentimiento contra las doncellas de menor rango. Ahora, ver a Ouguan, por la que su cuñada sentÃa tanta aversión, no hizo sino avivar el rencor y la envidia de la mujer.
Chunyan partió hacÃa el patio Rojo y Alegre bañada en lágrimas. Temerosa de que le preguntaran el motivo de su llanto y ella respondiera que le habÃan dado otra paliza, lo que volverÃa a enfurecer a Qingwen, su madre gritó frenéticamente:
—¡Vuelve aquà enseguida! TodavÃa tengo algo que decirte.