Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Qué mentiras ha estado diciéndole esa pequeña bestia llamada Qingwen? —le preguntó la muchacha—. Me urgÃa terminar esta redecilla y no habÃa tiempo que perder con ellas, asà que les dije: «DivertÃos vosotras. Yo, durante la ausencia del segundo señor, me sentaré aquà tranquilamente a descansar un rato». Entonces ella inventó todas esas tonterÃas sobre la meditación y la santidad. ¡Voy a tener que pellizcarle los labios!
Sonriendo, Baoyu se sentó junto a ella para contemplar cómo trabajaba.
—Los dÃas son muy largos. DeberÃas descansar o divertirte con las demás —le aconsejó—. Si no quieres hacerlo, anda a ver a mi prima Daiyu. ¿Por qué te pones a trabajar con el calor que hace? ¿Para quién es esa funda de abanico?
—Me di cuenta de que usted sigue usando esa funda fabricada el año que murió la señora Keqing en la mansión del Este. Como es azul sólo deberÃa usarla alguien de nuestro clan, o parientes y amigos de afuera, para el luto de verano. Lo normal es que no sea usada más de una o dos veces al año. Ahora están de luto en la otra casa, y usted deberÃa llevarla allà cada vez que va, asà que me estoy dando prisa en hacer una nueva para reemplazar la vieja. Ya sé que no le importan los convencionalismos, pero si la Anciana Dama lo viera, nos llamarÃa la atención a nosotras por ser demasiado perezosas y no tenerlo adecuadamente ataviado.