Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Es bueno que pienses en todo eso, pero no debes agotarte trabajando —le respondió él—. SerÃa mucho más grave que el calor te hiciera caer enferma.
En ese momento Fangguan trajo una taza de té enfriado en agua, pues ni siquiera en verano se atrevÃan a usar hielo. Baoyu era muy delicado y las doncellas preferÃan hundir la tetera en el agua recién sacada del pozo, cambiándola de cuando en cuando hasta que se hubiera terminado de enfriar el té. Fangguan acercó la taza a los labios de Baoyu y él bebió la mitad.
Entonces el muchacho le dijo a Xiren:
—Al venir le dejé dicho a Beiming que si llegaba alguna visita importante a casa de mi primó Zhen, me avisara inmediatamente. Si no hay nada urgente, no tengo intención de regresar.
Al volverse para salir se dirigió a Bihen y las demás:
—Si sucede cualquier cosa, podréis encontrarme en los aposentos de la señorita Lin.
Dicho lo cual, partió al refugio de Bambú en busca de Daiyu.
Al cruzar el puente de la Fragancia que Rezuma vio a Xueyan que se acercaba, y detrás de ella a dos viejas cargando abrojos, raÃces de loto, sandÃas y otras frutas.
—Tu señora rara vez come cosas frÃas. ¿Qué vais a hacer con toda esa cantidad? —preguntó—. ¿Acaso pensáis invitar a alguna señorita?