Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡No me hable de medicinas! —exclamó Baochai riendo—. El cielo es testigo de todo el dinero que hemos malgastado en médicos y medicinas para curar mi mal. Ni médicos ni pócimas me han servido de nada. Un dÃa apareció un bonzo tiñoso que se decÃa especialista en enfermedades misteriosas; le invitamos a pasar y me diagnosticó un humor colérico traÃdo desde el útero materno. Me dijo también que gracias a mi constitución fuerte no era un asunto muy serio. Las pÃldoras normales no me ayudaban nada, y él me recetó unas medicinas exóticas de allende el mar[1] junto a un paquete de polvos aromáticos traÃdos de quién sabe dónde. Me mandó tomar una pÃldora cada vez que sufriera un ataque. Es extraño, pero los remedios del monje me han servido de mucho.
—¿Y qué receta es esa de allende los mares? Si me la dice, señorita, la recordaré y quizá sirva para otros que tengan el mismo problema. Ésa serÃa una buena acción.