Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Apartando sin ruido la cortina, la señora Zhou entró. Encontró a la dama Wang y a su hermana absortas en una charla sobre asuntos domésticos y no se atrevió a interrumpirlas, así que pasó directamente a los cuartos interiores; allí, acompañada por su doncella Yinger, Baochai, con el cabello recogido en un moño y un vestido de andar por casa, estaba copiando el dibujo de un bordado. La muchacha dejó el pincel sobre la mesita que tenía sobre el kang y ofreció asiento a su visitante.
—¿Cómo está usted, señorita? —preguntó la señora Zhou mientras se sentaba en el borde del kang—. Hace días que no la veo por aquella parte de la casa, ¿acaso la ha molestado Baoyu?
—¡Qué ocurrencia! Me he encerrado aquí un par de días a causa de una vieja dolencia.
—¡Ay, señorita! ¿Qué me dice? ¿De qué se trata? Lo mejor sería llamar a un médico para que la vea y le recete un remedio; con unas cuantas medicinas se pondría bien enseguida. La falta de salud en una edad como la suya es algo que hay que tomar muy en serio.