Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Xifeng intervino:
—Zhang Hua afirma que él nunca ha visto ese dinero, y que nadie se ha puesto en contacto con él. Según su padre, la madre de la segunda hermana hizo una oferta en ese sentido, pero ellos la rechazaron; y dice también que, cuando su madre murió, vosotras tomasteis a la muchacha como esposa segunda de Lian. Carecemos de pruebas para taparle la boca, así que puede decir todas las tonterías que le venga en gana. Por fortuna el segundo señor no está en casa y ese matrimonio no se ha podido celebrar formalmente. Pero ya que está aquí, ¿cómo vamos a enviarla de vuelta? Eso podría dañar nuestro prestigio, ¿o no?
La Anciana Dama dijo:
—Todavía no están casados, y no se vería bien que entrara a formar parte de esta familia una mujer prometida a otro hombre, pues eso sí que dañaría nuestra reputación. Mejor será enviarla de vuelta. No tendremos dificultades para encontrar otra muchacha bonita.
Al oír aquello la segunda hermana exclamó:
—¡Mi madre entregó a los Zhang diez taeles de plata para cancelar el compromiso, aunque ahora, en la desesperación de su pobreza, lo nieguen! Mi hermana no ha cometido ninguna acción reprobable.