Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No tiene sentido que te ocultes. La hermana te ha visto. Ven rápido y arrodÃllate ante ella.
Entonces el paje tuvo que arrastrarse desde detrás de un árbol para golpear su cabeza vigorosamente contra el suelo ante Yuanyang, que quiso alejarse de allà cuanto antes. Pero Siqi la retuvo suplicándole entre sollozos:
—Nuestras vidas están en tus manos, hermana. ¡Por favor, déjanos vivir!
—No os preocupéis —dijo Yuanyang—. No se lo diré a nadie.
Mientras hablaban oyeron a alguien llamar desde la puerta lateral.
—La señorita Jin ha partido, atrancad la puerta.
Incapaz de liberarse de Siqi, Yuanyang inmediatamente gritó:
—TodavÃa estoy aquÃ. Esperad un minuto, que ya voy.
Entonces Siqi tuvo que dejarla ir…