Sueño en el pabellón rojo

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CAPÍTULO LXXII

Xifeng se avergüenza de admitir su enfermedad

y sigue derrochando fuerzas.

La esposa de Lai Wang cuenta con el poder de

su señora para concertar el matrimonio de su hijo.

Sonrojada todavía, y agitada por la sorpresa, Yuanyang cruzó la puerta lateral. «¡Es muy grave! —iba pensando—. Si esto llegara a oídos de alguien, al cargo de lascivia se uniría el de robo y podría incluso llegar a costarles la vida. Y eso sin contar con que otras personas se verían implicadas. Pero no es asunto mío. Mejor será que me calle y no se lo cuente a nadie.» Por lo cual, a su vuelta, se limitó a informar de que había transmitido las órdenes de la Anciana Dama. Después, todos se fueron a dormir. A partir de entonces, Yuanyang rara vez volvió al jardín de noche; más aún, como pensó que si el jardín era escenario de sucesos tan extraordinarios, en los demás lugares ocurrirían cosas aún peores, evitó ir a cualquier otro sitio.


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