Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo La concubina Zhao siempre se habÃa llevado bien con Caixia, y estaba muy a favor de entregársela a Jia Huan como concubina, pues en ese caso contarÃa con una aliada en la casa. Jamás hubiera supuesto que la dama Wang le concederÃa la libertad. DÃa tras dÃa le pidió a Jia Huan que fuera a preguntar por ella, pero éste era demasiado tÃmido para hablar, y en todo caso no se sentÃa excesivamente atraÃdo por Caixia. Al fin y al cabo, se trataba de una simple doncella, y en el futuro él podrÃa tener las que quisiera; por eso dio largas al asunto y estaba dispuesto a olvidarlo. Pero su madre no pensaba igual. Después de la visita de la hermana menor en busca de noticias, aprovechó que aquella noche le tocaba recibir a Jia Zheng para intentar conseguir su ayuda.
—¿Cuál es la dificultad? —preguntó éste—. Antes de buscar concubinas para los muchachos hay que esperar que estudien un año o dos. Yo ya he pensado en dos doncellas adecuadas, una para Baoyu y otra para Huan. Pero todavÃa son jóvenes e impresionables, y ellas podrÃan estropear sus estudios; esperemos, pues, un par de años más.
—Baoyu ya tiene una desde hace dos años. ¿O es que no lo sabÃa, señor? —dijo la concubina Zhao.
—¿Quién tomó esa decisión? —preguntó Jia Zheng inmediatamente.