Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En ese momento, ¡pum!, oyeron un ruido sordo procedente del cuarto exterior. Echaron a correr y vieron a una joven doncella que estaba sentada en una silla y, vencida por el sueño, habÃa dado un cabezazo contra la pared. Sobresaltada, se despertó justo cuando recibÃa el reproche, y en medio del sopor imaginó que Qingwen la habÃa golpeado.
—Hermanita —exclamó llorosamente—, no me pegues más. Prometo no volver a hacerlo.
Los demás se echaron a reÃr.
—No la castigues —intervino inmediatamente Baoyu—. Has debido mandarlas a todas a la cama. Vosotras también debéis estar cansadas. Lo mejor será que os turnéis para dormir un poco.
—Usted siga con su trabajo, pequeño antepasado —le pidió Xiren—. Sólo le queda esta noche, asà que concéntrese en esos libros. Ya tendrá tiempo de ocuparse de otras cosas, después de pasar este examen.
Habló con tal vehemencia que Baoyu no tuvo más remedio que acceder a su petición. Siguió leyendo hasta que unos instantes después Sheyue le sirvió más té para que se humedeciera la garganta y él advirtió que la muchacha llevaba una chaqueta corta, pero sin la falda, lo cual distrajo su atención.
—Hace frÃo a estas horas de la noche —le advirtió el muchacho—. DeberÃas ponerte una bata.