Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo »Los seres humanos están silenciosos. Sólo escucho los sonidos naturales del bosque de bambú. Las aves, asustadas, emprenden el vuelo. Los peces se disputan el cebo de los anzuelos haciendo ruido. En forma de plegaria he escrito mi dolor, y esperando buena fortuna he realizado estos ritos.
»¡Ay! ¡Qué triste! Ven a disfrutarlos».
Cuando terminó de recitar aquella extraña letanía, quemó la seda y escanció la libación de té. Se resistía a dejar el lugar, y la joven doncella tuvo que pedírselo varias veces antes de que él accediera a partir. Pero cuando ya se disponía a hacerlo oyó una risotada que procedía de detrás de una roca.
—¡Por favor, espera! —gritó una voz.
Ambos se sobresaltaron. La doncella miró hacia atrás y vio a alguien que salía de entre las flores de hibisco.
—¡Auxilio! ¡Un fantasma! —gritó—. ¡El espíritu de Qingwen ha regresado!
Asustado, Baoyu se volvió también para mirar.
Escuchen el siguiente capítulo.